domingo, octubre 01, 2006

República Indendiente


¿Qué tendrá esta gran superficie del mueble y la decoración para que cada vez que pise sus instalaciones en Bormujo me vea envuelto por una ingente marea humana en busca de la ganga perdida? Ikea es como otro mundo, una república independiente, en la que durante varias horas, el tiempo que dura el recorrido por su sala de exposición y venta, no piensas en otra cosa que no esté relacionado con muebles, complementos y una amplia gama de productos kitch que siempre terminan llamando tu atención y la de tu bolsillo.
Pasear por Ikea un sábado tarde es algo casi imposible. Una avalancha de curiosas y curiosos, compradores y compraderas, abarrotan la gran superficie en una especie de Gymkhana en la que parece que gana el que antes llene su bolso o carrito. Y se preguntarán, ¿qué hacías tú un sabado fatídico en Ikea? Muy sencillo: buscar una funda nórdica en la que acurrucar mi frío este invierno y y ya de camino, traerme algunos cojines , un ramillete de flores secas para un jarrón, dos botes de cristal, unas tijeras, dos mantitas para ver la tele en el sofá, una cortina para la ducha, dos posa platos, una vela, un posa velas... En definitiva, unos 100 euros en compras, fulminados durante menos de dos horas en una maratón en la que no han faltado codazos, obstáculos por los pasillos, empujones, ah, y muchos tios guapos, porque este es otro de los distintivos del Ikea, que vayas cuando vayas, siempre entras en un conflictivo debate en el que no sabes si mirar al culo de aquel tío que pasea con su novia, metro en mano y lápiz e la oreja, cual carpintero resabido, tomando nota de todo lo que necesita para su nidito de amor, o decidirte entre una alfombra persa y la de la oferta del catálogo. Chicos de todas las clases y orígenos, foráneos y extranjeros, canis, pijos, independientes, tios buenos a secas y maduritos muy bien conservados... Hombres que hacen que un paseo por Ikea un sábado por la tarde deje de ser como una batalla campal para convertirse en una auténtica y entretenida pasarela ...
¿Y qué me dicen de ese momento de la llegada a casa con todos los paquetes y cajas? Ese momento en el que toca poner en pie, como si de una clase de bricolaje se tratase, las múltiples y variadas y rebuscadas piezas que componen cada producto? Que si un tornillo por aquí, dos tablas perpendiculares a su eje por allá, aprieta con una pieza casi visible esta tuerca, ¿esto para qué es y dónde va? En fin, toda una odisea, que hace más gratificante y entretenido tu compra, después de haberte llevado dos horas entre multitudes y empujones, media cargando las cosas hasta el tercer piso de tu casa, y otras dos o tres, según el grado de complejidad, para montarlo. Total, que cuando ya tienes en pie la mesa o el sillón de turno, no tienes ganas de acordarte ni del maromo buenorro de turno ni de la novia que lo convenció para que fuera... ¿Quién me habrá mandado a mí a meterme en política y en una república que se proclama como independiente? Por mí como si se separa de España... Pero, ¿qué haríamos sin el Ikea?

2 comentarios:

Manolo Lay dijo...

Vale, pero hay una segunda versión: ¿Quién me mandó a mí meterme un sábado por la tarde en Decathlon? Alucinante.

la loca de la casa dijo...

¿Quién os manda meteros un sábado por la tarde en cualquier centro comercial? Que sí, que esa idea brillante de pasar una tarde entretenida y aprovechar para hacer cosas útiles a la vez la ha tenido mucha más gente... De todas formas, adoro ikea y todo su universo. Y como yo aún no puedo amueblar mi casa... pos me conformo con disfrutar de los detalles de los demás.
Muacas!